Direccionales

Por donde pueda chofer…

19 diciembre, 2016

Era un lunes en la mañana cuando sonó mi alarma. Fui corriendo a prepararme para ir al trabajo, ya que los lunes el tránsito se pone especialmente caótico, sabía que ya se me estaba haciendo tarde. Tomé mis cosas y salí de casa en dirección a un punto donde pudiera alcanzar un carrito público. Para mi mala suerte, todos pasaban llenos por el gran flujo de personas que usa ese medio de transporte en las mañanas. Decidí tomar mi ruta caminando, con la idea de encontrarme con un “ concho ” en el que poder montarme.

Dos cuadras después, vi aproximarse un vehículo con solo dos pasajeros. Me detuve en un espacio donde no había parada y le hice la señal de “derecho” para que notara mi petición. El carro frenó en seco y me senté en el asiento del copiloto, donde me acompañaba otra persona. No habían pasado ni diez minutos cuando en el medio del tapón la persona que iba a mi lado le dijo al conductor: “Por donde pueda chofer”. Y éste evaluando el panorama, se apresuró en decir: “Hazlo rápido, que ya casi se pone verde”.

En lo que él no se fijó fue que yo obstaculizaba la salida de la chica, y para que ella pudiera “hacerlo rápido”, yo tenía que salir primero. Recogí mis pertenencias, me desmonté, esperé que bajara del vehículo, y en el mismo momento en que yo iba a subir, los vehículos empezaron a moverse, las bocinas a sonar y los otros conductores a vociferar…

Subí como pude al “concho”. El carrito continuó su ruta, pero no pasaron ni veinte metros cuando el pasajero de atrás le dijo: “Chofer me deja en la esquina”. Esta vez, el conductor fue más consciente y le recomendó: “Mejor quédate hasta que crucemos porque el semáforo está en verde y no quiero tener problemas con el AMET”. A lo que el joven respondió: “¡Es de un pronto! Yo me tiro del carro si tú quieres, pero déjame antes de cruzar.” Y como el cliente siempre tiene la razón, el carro se estacionó donde no debía.

Bocinas ensordecedoras, una eternidad en el tapón y la conducción brusca realizada por el conductor consiguieron que me alterara, y desear, como nunca antes, llegar a mi trabajo.

Después de casi 40 minutos, cuando se supone que el trayecto debía ser de 15, llegó mi momento de pedir parada. Las condiciones en las que se encontraba mi punto de llegada no eran distintas a la de las dos personas que habían estado conmigo durante esta travesía. Luego de recordar el caos que se ocasionó, sólo porque los pasajeros anteriores no pensaron en las demás personas, me hizo tomar otra estrategia y cambiar la forma de solicitar parar: “Chofer, no me dejes donde puedas. Déjame donde se pueda”.

El chofer esperó su turno para cruzar la intercepción y al bajarme del carrito, no hubo ni bocinas, ni disgustos, ni tapón.


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